Eslovaquia es un país especial, diferente, y el turismo que llega aquí, atraído por sus numerosos encantos así lo atestigua. Tierra de castillos, parques naturales, cuevas fascinantes y notable patrimonio histórico, Eslovaquia invita a un viaje donde el único propósito sea disfrutar y descubrir lugares.
Bratislava es un precioso tesoro que se debe mirar con lupa, porque más allá de los lugares más visibles de su skyline, como el castillo, la catedral, el monumento memorial de Slavin, o la pirámide invertida de la radio eslovaca, es una de las capitales europeas más desconocidas y al mismo tiempo más sugerentes.
La tierra de los Castillos
Eslovaquia tiene en su pequeño territorio una cantidad inmensa de castillos, que no acabaríamos ni visitando en 365 días. A los más de doscientos existentes, se añaden otros cuatrocientos palacios, lo que hacen de Eslovaquia un país donde viajar al pasado.
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Al sur de Eslovaquia se concentra un gran área carstico conocido como Slovenský kras, donde se contabilizan más de 7 mil cuevas en Eslovaquia, con paisajes pétreos de suma belleza, y “catedrales” de formaciones formadas a lo largo de millones de años. Bajo la superficie existe otra Eslovaquia que podemos descubrir conociendo alguna de las 17 grutas visitables, adscritas a la lista de Patrimonio Unesco, y entre las que destacan Krásnohorská por su gigantes columna, la cueva de Aragonita de Ochtinská con sus peculiares formaciones que parecen plantas, la cueva cárstica de Domica, la más grande de Eslovaquia, Dobsinska l’adová, una gruta de hielo, la de Jasovska con un recorrido muy peculiar y muchas más.

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